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HERMANDAD DE NUESTRA SRA. DEL ROSARIO

Y SANTO CRISTO DE LA PAZ

(HUMEROS)

 

 

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NUESTRAS ORACIONES 

 

Inicio de la página ORACIÓN AL SANTO CRISTO DE LA PAZ

     (Para todos los días del Triduo)

     Estás muerto, Señor, muerto por amor. Has entregado tu vida para que nosotros sepamos que el Amor existe, que no es sólo una bella palabra, una dulce esperanza que se quiebra ante la realidad de nuestros egoísmos de cada día. No, tú te sometiste a la muerte porque nos querías más que a tu vida, porque te quisiste igualar hasta en eso por darnos la verdadera felicidad, la definitiva, la que nos acerca al Padre, origen de todo Amor.

     ¡Que paz emana de tu cuerpo, Señor! Atrás quedaron esos sufrimientos físicos de tu Pasión y la amargura de la traición, del abandono, de la incomprensión de esos discípulos a los que de una manera especial les descubriste tu amor, les invitaste a compartir tu propia vida divina en la Ultima Cena. ¡Que dulce es ahora tu rostro, Señor de la Paz! Esperas contra toda esperanza, unido a esa humanidad que todavía hoy sufre y muere porque dentro de ella hay quienes la oprimen y matan.

     ¿Para qué amar, Señor? ¡ Fíjate qué hemos hecho de tu amor entregado sin condiciones, sin esperar agradecimiento, sin esperar nuestro amor...sólo porque nos quisiste tanto que, siendo Dios, bajaste a nuestra condición, a ser nuestro amigo y conducirnos de la mano hacia el Padre !...Y por amar te mataron y por ser hombre acabaron con tu vida...como siguen haciendo con esos otros Cristos crucificados por la guerra, el hambre, la violencia, la envidia, la hipocresía... En fin, Señor, ¿para qué amar si no te aman, si no entienden tu amor, si te rechazan incluso en nombre de Dios? Es lógico, Señor. Es nuestra lógica. No tiene sentido el amor sin una recompensa...Hay que ser prácticos... Y, por esa lógica, Tú, Señor, ahora estás muerto.

     Pero no, Señor, Tú no estás muerto porque te sentimos vivo y resucitado en nuestro corazón, sentimos tu amor, tu amistad, la que nos inunda de esperanza cuando, como tú, cargamos con las cruces que nos encontramos en la vida, cuando sabemos afrontarlas con ese mismo afán con que tú lo hiciste, un amor que sólo por serlo es signo de esperanza, de Salvación... y aunque su peso a veces nos hace tambalear y caer en la negrura de la muerte, del egoísmo, del desengaño o la incomprensión... te sabemos, Señor, a nuestro lado, con tu bendita locura que venció la lógica de la muerte y del pecado, iluminando el camino de la vida y en el que Tú mismo, mucho antes, dejaste tus huellas y extendiste con tu cruz un puente sobre el abismo de la nada, cruz de amor, por la que alcanzaremos a comprender el sentido último y pleno de nuestra existencia que es Dios.

     Señor de la Paz, en este Triduo penitencial, haznos descubrir en nuestro corazón ese amor que nos ha infundido tu Espíritu, dándonos sin reserva a quienes siguen sufriendo la Pasión y la Muerte, en la certeza que, con él, nuestro amor nos hará a todos resucitar a una nueva vida.

     Que así sea.


Inicio de la página PROTESTACIÓN DE FE.

     En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres Personas realmente distintas y un sólo Dios Verdadero, nosotros, los actuales hermanos de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario y Santo Cristo de la Paz, establecida canónicamente en su capilla propia del barrio de los Humeros de la ciudad de Sevilla, reunidos ante Nuestros Titulares en la Función Principal de su instituto, hacemos Solemne Protestación de Fe y Compromiso Cristianos y así juramos:

     Que creemos en Dios Todopoderoso, Padre Amoroso de los hombres y Creador del Cielo y la Tierra.

     Que creemos en Jesucristo, Hijo Único de Dios Padre, nacido de Santa María Virgen por obra del Espíritu Santo, que pasó por el mundo haciendo el bien, proclamando el Amor e inaugurando el Reinado de Dios, que por amor a los hombres y por su salvación sufrió cruel Pasión y fue ajusticiado y muerto en una Cruz, pero Resucitó al Tercer día para nunca más morir y está sentado a la derecha del Padre y desde allí ha de venir para juzgar a vivos y muertos en el final de los tiempos.

     Que creemos en el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, que procede del Padre y el Hijo, que habló por los Profetas y santifica la Iglesia con su asistencia.

     Que creemos en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica como comunidad de Amor que alienta y nutre nuestra fe en el Señor Resucitado.

     Que creemos en que todos los que, vivos o difuntos, forman la Iglesia, por la acción del Espíritu, viven unidos entre sí en comunión con el Señor Glorioso.

     Que creemos que Dios ofrece a todos los hombres el perdón de los pecados a través del Espíritu Santo y el ministerio de la Iglesia.

     Que creemos y esperamos la Resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro en que se instaure definitivamente el Reinado de Dios.

     Asimismo juramos creer todos los dogmas proclamados por la Iglesia y muy especialmente el sacrosanto Misterio de la Eucaristía en el que se halla verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

     Igualmente juramos creer como hijos afectísimos de Nuestra Madre del Rosario los dogmas de su Purísima Concepción y su Gloriosa Asunción a los Cielos donde el Señor la constituyó Abogada Nuestra y Medianera universal en la dispensación de las gracias ante el Único Mediador, Cristo Nuestro Señor que desde la Cruz a todos ha salvado y ahora en la Gloria contempla a esta Hermandad reunida en su nombre y bajo el amoroso amparo de su Madre y Señora Nuestra.

     Y contemplando la bendita imagen de la Santísima Virgen del Rosario, hacemos firme compromiso de hacer vida todas esta verdades proclamadas, de crear en nuestro ámbito un verdadero testimonio de fe y amor que nos haga perseverar en el seguimiento de Cristo Nuestro Señor.

     ¡Madre Nuestra del Rosario!, acoge con bondad los sentimientos de esta tu Hermandad que te quiere y te confía todas sus inquietudes y sus anhelos. Bien conoces nuestros fallos, nuestras caídas, pero también la ilusión y el empeño con que desde hace muchos siglos te veneramos como la madre amorosa que cuida de sus hijos, los ayuda y alienta, los reúne en torno a su Hijo aquí en esta eucaristía y la que en la hora de nuestra muerte nos llevará de la mano a la presencia del Señor de la Paz, en donde esperamos estar con Ella por toda la Eternidad. Amén.


Inicio de la página ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS DEL TRIDUO DEDICADO A LA VIRGEN DEL ROSARIO.

     Sosteniendo la Cruz de tu Pasión redentora, te muestras, niño, sobre la rodilla de tu Madre, la Virgen del Rosario. A Ella dedicamos este Triduo. Su ejemplo maravilloso de mujer humilde y sencilla que dijo Sí incondicionalmente a Dios; su ejemplo también ejemplo de primicia y plenitud de los cristianos nos impulsa a procurar un mayor perfeccionamiento en nuestra vida de Hermandad y un más perfecto compromiso con la sociedad.

     Señor, Tú sabes cuán difícil nos resulta seguirte, ser cristiano con todas sus consecuencias y en todos los momentos de la vida. Conoces esta Hermandad, a sus cofrades, que intentamos, a pesar de nuestros errores y en la medida de las capacidades de cada uno, que sea una Comunidad de Amor, donde la palabra "Hermano" pueda pronunciarse sin que suene a hipocresía.

     En los momentos más desesperados, cuando nuestros esfuerzos parecían vanos, siempre, a lo largo de la historia, nos ha sostenido la devoción tierna y sincera a tu Madre, María Santísima del Rosario, Patrona del barrio de los Humeros. A Ella hemos acudido como Madre protectora para pedir su intercesión, al igual que hacemos hoy en los días de este Triduo, a fin de que acoja benignamente las intenciones de los cofrades de esta Hermandad.

     Ella, que es Camino seguro y cierto, nos conduzca hasta Ti en el compromiso cotidiano con el Evangelio, ayudándonos a construir en nuestro ámbito el Reinado de Dios que Tú instauraste entre nosotros.

     QUE ASÍ SEA