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HERMANDAD DE NUESTRA SRA. DEL ROSARIO

Y SANTO CRISTO DE LA PAZ

(HUMEROS)

 

 

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HISTORIA DE LA HERMANDAD

Inscripción en la Sacristía de la Capilla

LA HERMANDAD EN EL SIGLO XIX

1.- La primera mitad de siglo

2.- La refundación de la Hermandad

          Las Reglas de la Hermandad

3.- La Revolución de 1868 y la coyuntura crítica de la Hermandad

4.- La efímera revitalización de la Hermandad (1875-1882)

5.- Crisis y conflictos internos (1882-1901)

6.- La Hermandad de Nuestra Señora del Carmen

 

1.- La primera mitad de siglo

     A través del libro de Cuentas de 1784 pocos datos de interés pueden aducirse para tener una visión fidedigna de la vida de la Hermandad en los primeros años de este siglo. Sin duda, hubo de incidir entre los cofrades la terrible epidemia de peste amarilla que causó una gran mortandad entre la población sevillana y, posteriormente la ocupación francesa que en 1811 exclaustró el Colegio de San Laureano. De hecho, hasta 1804 no se detecta alguna partida de importancia. Dos años después, aparecen nuevas partidas que parecen indicar una política de adquisiciones ciertamente modestas, pero que pueden denotar un intento de revitalización al no tratarse de los gastos usuales de las misas del domingo y del aceite para las lámparas. Cabe, pues, referirse a una etapa de mantenimiento continuadora de la de los últimos años del siglo XVIII en la que aparentemente la principal atención era el cuidado del culto en la capilla.

     Este libro de Cuentas culmina en 1812, aunque continúan los recibos del alquiler de la casa de la capilla hasta 1822.

     A partir de entonces la vida de la Hermandad parece haberse extinguido, continuando sólo el culto de la capilla. Lo cierto es que en 1825 consta que el templo pasó a ser oratorio de un convento de frailes carmelitas calzados que tenía su sede anterior en la Cruz del Campo y cuya comunidad se instaló en dos casas inmediatas. Sin embargo, esta situación sólo se mantuvo durante diez años pues en 1835 se decretó su exclaustración con motivo de los decretos de Mendizábal.

     Después de todas estas vicisitudes, la situación legal de la capilla no quedaba nada clara. A su cuidado estaba una sacristana que cuidaba de la limpieza y el culto, aunque no se constata una vinculación directa con la Hermandad, pues en 1840 solicita en su nombre al Cabildo de la Ciudad una acreditación sobre la propiedad de la capilla que, al parecer se le exige, pero sin especificar más.

Ir al inicio de esta página2.- La refundación de la Hermandad

 

     En el mes de julio de 1858 un grupo importante de vecinos del barrio toman la iniciativa de formar una congregación de Nuestra Señora del Rosario, sin aparente continuidad con la Hermandad decaída a comienzos de siglo. Se constata la presencia de un mayordomo, Domingo Fresa, que abre un libro de Claverías. Se ordena un funcionamiento mínimo gubernativo que perdura hasta 1860, que emprende una serie de iniciativas en pro de la consolidación de la empresa y que pasan por la reactivación de las demandas de limosnas a través de lo que se denominan "las campanillas", que obtiene cierto éxito.

     Tras esta iniciativa efímera, pocos años después, 1865, tiene efecto una auténtica etapa estructural en la que la congregación se constituye realmente como una hermandad organizada y con un notable apoyo del vecindario. Se palpa en las primeras actas el entusiasmo de estos cofrades con muchas iniciativas en la cabeza, algunas totalmente innovadoras para el instituto de la Hermandad.

     La figura preponderante es la del mayordomo Domingo Fresas, ya presente en la iniciativa de 1858 y que ahora se consolida al frente de la administración de la Hermandad junto con Antonio González como consiliario y hermano mayor , tras un primer mandato de Manuel Tirado que, junto a Pilar González, Camarera, fueron grandes promotores de la Hermandad en los primeros años.

     Merced a las limosnas del vecindario y diversos préstamos de los cofrades indicados, se pudieron culminar unas importantes obras en la capilla, cuya fábrica, nuevamente, se resentía. Esta fue la primera gran actividad del nuevo gobierno de la Hermandad, que va a hipotecar durante un tiempo la economía, junto con otras del régimen ordinario de su instituto, que paso a desarrollar.

     Los ingresos para el sostenimiento de la corporación provenían ordinariamente de las demandas tanto del Rosario como de "las campanillas" e igualmente también de unas campañas misionales que se realizaban por las calles del barrio. Igualmente se recolectaban fondos con los oficios para la Fiesta de la Virgen, cepillos de la capilla, colecta de las misas.. De forma extraordinaria se recurre también a la organización de funciones de teatro, rifas de muy diversos objetos tan singulares como un becerro, después de lidiarlo en el edificio de San Laureano (En esta época ya estaba exclaustrada la comunidad mercedaria)... También se reactiva la cuota ordinaria. No obstante, salvo el primer año de la refundación, los siguientes acusan una deficitaria gestión económica.(29).

     En segundo lugar se encuentra el culto concreto a la Virgen del Rosario, cuya imagen sigue centrando la gran devoción del barrio. Como ocurre en todas las hermandades rosarianas, el instituto fundamental se dirige ahora a la imagen titular de la Virgen en detrimento del Rosario público, como se verá. En este sentido y muy significativa es la Fiesta de la Virgen del primer año de refundación en que se organizan múltiples celebraciones que culminan en la Procesión de la Virgen, dimensión cultual absolutamente nueva para una imagen no apta para este uso. Este detalle marca ya de por sí significativamente que nos hallamos ante una nueva Hermandad.

     Esta procesión se llevó a cabo tras la Solemne Función celebrada al parecer en el exterior de la capilla por cuanto figuran gastos del alquiler de un toldo y de una forma un tanto singular, pues en las Cuentas se mencionan gastos por el traslado y utilización de un palio y una peana desde San José. Con estas magnas celebraciones, como queda dicho, la Hermandad acusó un fuerte alcance, que impidió nuevos cultos extraordinarios y nuevas salidas procesionales hasta el período posterior a la coyuntura de la revolución de 1868, aunque sí tuvo efecto un solemne traslado procesional de la Virgen en julio de 1867 desde el convento de San Jacinto en Triana a su capilla, debido a una restauración a la que tuvo que ser sometida la imagen en un taller del citado barrio.(31).

     El Rosario público salía regularmente a realizar su estación, constatándose ahora documentalmente una procesión de Gala durante las fiestas de la Virgen en octubre, pero de madrugada así como otra el primero de noviembre. Igualmente se documenta un Rosario de la aurora en 1867 también en el mes de octubre. Igualmente se señala una procesión de rogativas en noviembre en sufragio por los hermanos difuntos y que hacía estación al cementerio. No obstante, poco a poco se van reduciendo sus salidas diarias, circunscribiéndose a determinadas fechas e incluso el de Gala desaparecerá ya de hecho en los años 70 cuando se consolide anualmente la Procesión de la Virgen. El Rosario, fin principal y fundador de la Hermandad, había perdido ya su razón de ser en el marco de la religiosidad de la época.

     El patrimonio de la Hermandad presenta importantes novedades respecto al Inventario de 1784 entre las que destacan las imágenes de la Pureza o Inmaculada Concepción, una Virgen del Carmen y un San José con el Niño. Aparte de los titulares y santos del retablo, siguen figurando la Virgen de los Dolores y el San Antonio así como el Crucifijo de la sacristía. En lo que se refiere a altares figuran cuatro además del retablo mayor, dos más que antes. Respecto a enseres aparece un Simpecado con cruz de metal (presumiblemente antiguo), tres cruces, una dorada, otra plateada con dos ángeles y la ordinaria o de diario. (En 1784 sólo figura una), un Estandarte de raso blanco bordado en oro y cordones de lo mismo (insignia de nueva factura representativa de la Hermandad y que viene a sustituir en este simbolismo al Simpecado), ocho varas y ya cuestiones menores como una lámpara de plata, peanas para la Virgen y el Cristo, frontal de terciopelo y una serie de joyas o de mantos que no se pueden precisar a qué imágenes correspondían salvo los dos escapularios de la Virgen del Carmen, el de vestir y el de gala.

     No se hace ninguna referencia a la casa de la capilla ni ahora ni en lo sucesivo, por lo que es de suponer que durante toda esta etapa decadente, el local anexo al templo fuera vendido en propiedad a alguno de los inquilinos que lo alquilaban o bien, ocurriera alguna otra circunstancia que posibilitó la pérdida de esta importante propiedad de la Hermandad.

     Es bien significativa la presencia de insignias y enseres que denotan ya el nuevo instituto devocional y procesional de la Hermandad. Respecto a la imagen titular es interesante destacar una restauración sufrida en julio de 1867 en el taller trianero del escultor Escarcena, que llevó a cabo muy diversos trabajos para la hermandad y no sólo de escultura, sino también de repaso y restauración de enseres y retocó en diversas ocasiones posteriores a la imagen, aunque la de ahora parece ser una obra de alguna envergadura, estando la Virgen ausente desde el mes de mayo. Se conoce que la imagen era sobrevestida con tocas y manto, pero no se mencionan vestidos como en el siglo XVIII.

Ir al inicio de esta páginaLas Reglas de la Hermandad

 

     Para terminar este apartado, quiero dedicar un espacio al contenido de las importantes Reglas que en 1868 presenta la Hermandad ante la Autoridad Eclesiástica para su aprobación y que suponen un buen medio para comprender el proyecto estructural de Hermandad de estos cofrades refundadores. Constan de 18 artículos. La redacción no es clara, con diversos errores de sintaxis, denotando baja instrucción cultural, pero al mismo tiempo se advierte un interés por realizar unas reglas propias, no limitándose como muchas otras hermandades en copiar otros reglamentos ya aprobados. Se hace especial hincapié en todo lo relacionado con la junta de gobierno y cabildos, en detrimento de otros apartados significativos como cultos...(38).

     En la solicitud de aprobación se expresa claramente la ignorancia de estos cofrades sobre la existencia anterior de una hermandad e, incluso, tratan de justificar a sus antecesores para su propia justificación, creyendo, por otro lado, que la capilla era del vecindario, no de la Hermandad, inexactitud formal, aunque expresiva de una realidad tan tangible y que ahora estos vecinos la significan: " Los que suscriben, vecinos del barrio de los Humeros, a V.E. con la debida consideración y respeto hacen presente: Que, existiendo una capilla en dicho barrio fundada por los vecinos del mismo en el año de 1761, cuya propiedad ha sido reconocida y respetada por el gobierno en todas épocas, y no habiendo podido los fundadores formalizar la Hermandad por medio de un reglamento autorizado en razón a los muchos gastos que habían tenido con la expresada fundación, dejaron para mejor tiempo la formación del citado, pero las vicisitudes de los tiempos frustraron sus buenos deseos(...)"

     Las Reglas son presentadas ante la Autoridad Eclesiástica el 30 de junio de 1868, aprobándose sólo un mes después.

Ir al inicio de esta página3.- La Revolución de 1868 y la coyuntura crítica de la Hermandad

 

     Resultó providencial esta aprobación tan a tiempo que regularizaba la situación legal de la Hermandad ya que en septiembre estalla la revolución política que destronó a la reina Isabel II.

     Esta revolución tuvo una serie de consecuencias negativas para diversas instituciones religiosas, cuyos locales y bienes fueron incautados por el gobierno provisional. Esta misma circunstancia se dio con la Hermandad, a la que se incautó de la capilla, permaneciendo así hasta julio de 1869 en que le es devuelta a la corporación. No obstante, dado que la situación política permanece inestable, en 1873 vuelve el gobierno a ocupar la capilla, teniendo que llevarse a cabo un complicado proceso burocrático, que finalmente reconoce la propiedad de la Hermandad y procede a su devolución.(39). Lo cierto es que la corporación no vuelve a su plena normalidad hasta 1875.

Ir al inicio de esta página4.- La efímera revitalización de la Hermandad (1875-1882)

 

     Tras la coyuntura de 1868, la Hermandad vuelve a recuperar el entusiasmo anterior, acometiéndose una labor de fundamentación institucional, destacando sobretodo la Procesión de la Virgen.

     En esta nueva singladura, vuelve a ser Hermano Mayor Manuel Tirado, quedando Antonio González como Mayordomo. Era precisa una reactivación económica y estos cofrades se mostraban capaces de afrontarlos en parte de su peculio. Poco después, pasará a ocupar durante muchos años el cargo de Hermano Mayor Manuel Domínguez (1878-1901), permaneciendo incluso en momentos bien difíciles. El cargo de mayordomo, sin embargo, no mantiene una estabilidad de personas. Hay que resaltar la gran frecuencia en la celebración de cabildos y juntas, lo que es un índice innegable de actividad y también de participación pues, a pesar de lo estipulado en la Regla, se convocaban un buen número de cabildos generales a lo largo de algunos años. Esta es la estadística: 1875 (2), 1876 (6), 1877 (1), 1878 (4), 1879 (9), 1880 (3), 1881 (10) y 1882 (4).

     Iniciativa singular constituyó la aprobación por la junta de gobierno de una especie de Comisión de Hermanas encargadas de diversas tareas auxiliares y de allegar recursos para la corporación. Llegaron a tener un notable peso específico y se les denominaba la "Hermandad de Mujeres".

     Una de las principales iniciativas de estos oficiales era la consolidación de la fiestas de la Virgen y, en especial, la Procesión.

     Respecto a los cultos, se conoce la celebración de sendas Novenas en 1875 y 1876 rodeadas de un gran ceremonial. La Procesión se llevó a cabo durante todos los años de este período salvo en 1878 y 1880. Hasta 1880 la Hermandad hubo de procesionar con un paso cedido o alquilado ya que es en este año cuando se acuerda construir uno en propiedad con su peana y candelabros, encomendando el trabajo al carpintero Teodomiro Sánchez por un importe total de 1.600 reales y con el compromiso de ultimarlo para octubre del mismo año, mas hubo problemas con este artesano y, con las andas aun incompletas, se retiran de su taller y se contrata con el dorador José de la Peña la terminación y dorado de cuatro candelabros dorados de tres mecheros con guardabrisas.En el Inventario posterior de 1924, refiriéndose a este Paso, se describen ocho candeleros de madera tallada y dorada y una peana de las llamadas de cartela.

     A modo de ejemplo, la procesión del año 1879 salió el día 12 de octubre a las seis de la tarde, recorriendo las calles de Gravina, San Pedro Mártir, Bailén, San Eloy, Fernán Caballero, Almirante Ulloa, Armas, Plaza del Duque, Las Cortes, Plaza de la Gavidia, Pachecos, Baños, Jesús, Jiménez de Cisneros, San Vicente, Baños, Dársena, Barca, Bajeles, Torneo y capilla. Ciertamente era un recorrido muy extenso. En el cortejo figuraba una representación de la Hermandad de las Mercedes. El capataz fue Curro Martínez.(43).

     Singular importancia tuvo para la Hermandad la procesión efectuada en octubre de 1881 en que llegó hasta el Palacio Arzobispal, pues el Cardenal Lluch y Garriga había mostrado especial interés por venerar esta imagen, a la que tenía una particular devoción. Esta ocasión atrajo gran concurso de personas de toda la ciudad, haciéndose eco de la noticia el Boletín Oficial del Arzobispado.

     Del Rosario ya apenas hay referencias salvo una procesión extraordinaria en noviembre al cementerio en 1876 y quizá en años sucesivos, pero ya en 1879 se pospone la iniciativa, siendo la última constatación de este uso. De hecho en 1881 se acuerda la venta de los simpecados inútiles, que bien pudieran ser dos, el de diario y el de rogativas (aunque este último no aparece en inventarios), guardando la Hermandad las estampas o lienzos, quedándose sólo con el de Gala.(46).

     Respecto al patrimonio, cabe resaltar la adquisición del paso procesional, ya comentada y un estandarte cuyos bordados realizó en 1879 Elisa Rivera.(48).

Ir al inicio de esta página5.- Crisis y conflictos internos (1882-1901)

 

     En las actas se iba detectando en los años anteriores un progresivo deterioro en las relaciones entre los oficiales de la junta de gobierno en ocasión a una serie de irregularidades de tipo gubernativo y económico que eran patentes en la Hermandad.

     Un dato bien significativo es que las misas no son ya diarias, sino como anteriormente los domingos y festivos. Al mismo tiempo se prescinde del capiller, con lo que evidentemente se constata una fuerte crisis económica lo que, unido a los aspectos antes comentados, hay que interpretar la existencia de un clima de laxitud, poca participación de los cofrades en la vida de la corporación y la ausencia efectiva de una gestión formal, pues, como queda indicado, a partir de 1784 apenas se celebran cabildos y debieron ser muy pocos cofrades los que con Manuel Domínguez permanecieran en la hermandad. De hecho, en las escasas reuniones se constata la inasistencia de cofrades y hermanos. Sólo se celebran elecciones en 1884, 1891 y 1898.

     Esta situación de decadencia coincide con la detección en 1887 de un problema muy grave en la bóveda de la capilla, que precisaba una obra importante de albañilería. No pudiendo afrontar los gastos, se solicita a la Autoridad Eclesiástica licencia para realizar oficios petitorios por toda la ciudad, lo que se concede tras el informe favorable del párroco de San Vicente.No obstante, parece ser que, aunque se llevaron a cabo algunas obras, resultaron insuficientes ya que en 1891 se insiste en este mismo tema y, tras un largo paréntesis, la situación se hace insostenible en 1898 en que se convoca un cabildo general en donde por primera vez desde que surgieron las primeras críticas al Hermano Mayor, se plantea abiertamente la crisis de la Hermandad y como sin la ayuda de los cofrades y vecinos es imposible realizar la obra de la capilla, que amenazaba ruina y estaba cerrada al culto, y la mayoría de los enseres de la Hermandad estaban en domicilios particulares, reclamándose un inventario de lo que cada cofrade guardaba en su casa perteneciente a la Hermandad para evitar pérdidas. Se trata por todos los medios de buscar cofrades que quieran aceptar cargos, pero sin resultado y, por último se recurre también al párroco de San Vicente.

     La Hermandad tuvo que hacer intervenir directamente a la parroquia y a la Autoridad Eclesiástica no sólo ya para la restauración de la capilla, sino de la propia Hermandad porque sus cofrades no parecían ser capaces de afrontar su propia decadencia.

Ir al inicio de esta página6.- La Hermandad de Nuestra Señora del Carmen

 

     Se conoce ya la existencia de una imagen de la Virgen del Carmen en la capilla durante la segunda mitad de este siglo, probablemente desde la etapa en que el templo fue oratorio de una comunidad de monjas carmelitas. La imagen contaba con una cierta devoción que fue creciendo en la década de los 70, en que se constata que salía procesionalmente en el mes de julio. Así, un grupo de devotos decidieron formar una hermandad, presentando al efecto las Reglas ante la Autoridad Eclesiástica en julio de 1879, que fueron aprobadas en enero del año siguiente.

     Respecto a su instituto cultual, las Reglas especifican una Solemne Fiesta el domingo infraoctavo del 16 de julio con manifestación del Santísimo a las ocho de la mañana y posteriormente canto de Tercia, Misa Solemne y panegírico, terminando por la tarde, después de Vísperas, con la Procesión de la Virgen. Igualmente se establece la celebración de una misa solemne cantada por los hermanos y bienhechores de la Hermandad todos los últimos domingos de cada mes.

     Constituida por pocos cofrades y dependiendo para todos sus cultos y actividades de la Hermandad del Rosario, su vida difícilmente podría ser muy activa. Conforme van transcurriendo los primeros años, sus cofrades se encuentran en una situación claramente coyuntural, que quizá no habían previsto cuando fundaron la Hermandad como tampoco previeron la no fácil relación con la corporación propietaria de la capilla, que atravesaba una fase crítica y no se prestaba mucho a la colaboración.

     Ante tales hechos, y sólo tres años después de la fundación, la junta de gobierno solicita a la Autoridad Eclesiástica el cambio de sede canónica, el cual cuenta con el informe favorable de la parroquia de San Vicente por las continuas disensiones de sus cofrades con los del Rosario. Tenían esperanzas fundadas en el traslado a la parroquia de Omnium Sanctorum, pero en el último momento se frustraron. La Hermandad hubo de conformarse con permanecer en la capilla, pero atravesó un largo período de postración.

     Parece observarse una recuperación en torno a 1890, pero lamentablemente no se consolida. El momento ciertamente no era el más a propósito por el estado semi-ruinoso de la capilla. En 1898 la propia Hermandad del Rosario, de acuerdo con el párroco de San Vicente, se hace cargo provisionalmente de los bienes de la Hermandad y del culto a la imagen, lo que se confirma por un decreto del Arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola, de 12 de julio del año 1901 en que se establece la unión de ambas hermandades, aunque con el predominio de la del Rosario.(57).

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