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HERMANDAD DE NUESTRA SRA. DEL ROSARIO

Y SANTO CRISTO DE LA PAZ

(HUMEROS)

 

 

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HISTORIA DE LA HERMANDAD

Rosario Público

GÉNESIS Y PRIMER DESARROLLO HISTÓRICO.

LA HERMANDAD EN EL SIGLO XVIII

 

 

1.- Fundación y primer desarrollo histórico

2.- La construcción de la capilla

3.- La gestión personal de Liñán

4.- Reconstitución formal de la Hermandad

     La trayectoria histórica de la Hermandad durante el siglo XVIII permanece todavía en buena medida en la penumbra por la escasa documentación existente y aun esta es muy pobre y confusa. No obstante, sí pueden seguirse las grandes líneas estructurales desde su fundación como humilde congregación del Rosario y su consolidación como hermandad por el apoyo del vecindario y el gran período de apogeo que culmina en 1761 con la bendición de una capilla construida por los propios vecinos gracias a la gestión del mayordomo Liñán. Los últimos años suponen una reconstrucción de la Hermandad tras la obligada dimisión del mayordomo y el comienzo de una mayor estabilidad administrativa y de la vida comunitaria.

1.- Fundación y primer desarrollo histórico

     En el estado actual de nuestros conocimientos y ante la carencia de documentación, no nos es posible conocer con precisión los orígenes y fundación de la Hermandad, aunque todo parece indicar que, al igual que otras hermandades extraparroquiales del Rosario, el influjo de las grandes misiones populares realizadas en Sevilla en el último tercio del siglo XVII y, en especial las de los jesuitas Tirso González, Juan Guillén y Francisco Gamboa y, sobre todo posteriormente, las predicaciones del dominico fray Pedro de Santa María de Ulloa concitó entre los vecinos una extraordinaria devoción al rezo del Santo Rosario y muy especialmente a su uso público por las calles.

     Es constatable en 1747 la existencia de un hueco o nicho en el muro del convento de San Laureano, donde se veneraba la imagen de la Virgen del Rosario y que constituía un tradicional centro de devoción en el barrio.

     Es muy razonable pensar que, en ocasión del clima misional ya comentado, los vecinos instituyeran en el último tercio del siglo XVII o, todo lo más, principios del XVIII un Rosario público haciendo estación por las calles del barrio y sus alrededores todos los días a prima noche, tras el toque de oraciones. La adquisición de la imagen de la Virgen y su culto en el pequeño tabernáculo del muro de San Laureano pudo ser coetánea o ligeramente posterior a la época en que se comienza el uso procesional callejero, con lo que se podría decir que esta devoción introdujo en el barrio marginal los primeros signos de una religiosidad concreta centrado en una imagen que será la Patrona y una práctica habitual, cotidiana, que actúa como unión del vecindario, el Rosario Público.

     Hasta entonces los vecinos habían organizado de forma absolutamente espontánea una congregación del Rosario cuyo principal fin era la salida del Rosario Público todas las noches, tras el toque de oraciones, para recorrer las calles de los alrededores de su precaria sede en torno a la devoción a una imagen de la Virgen, que pronto alcanzó una gran devoción entre el vecindario. A fin de preservar el uso procesional y la devoción, todo parece indicar que en las primeras décadas del siglo XVIII los congregantes decidieron constituirse en Hermandad, presentando al efecto la solicitud ante la Autoridad Eclesiástica que aprobó sus primeras Reglas, con lo que quedaba erigida canónicamente.

     La Hermandad supo desde el primer momento encontrar la sintonía con el vecindario al no distinguirse prácticamente de él creando una estructura diferenciada. Gracias a ello logró plenamente sus fines de consolidar la devoción y adquirir un mínimo patrimonio centrado primordialmente en las insignias del Rosario público, en especial del Simpecado, que al parecer contaba con un retablo callejero para su guarda. La Hermandad no tenía más sede que el pequeño tabernáculo de la Virgen. El barrio era su único valedor y esta unidad Hermandad-Barrio fue clave en sus primeros momentos.(10).

     Junto a la devoción a la Virgen y la procesión del Rosario, el otro gran instituto de la Hermandad era la práctica de la Caridad que se centraba fundamentalmente en el sufragio por los cofrades difuntos. En este sentido, el título del Santo Cristo de la Paz indica a las claras la importancia de esta atención a los hermanos fallecidos. La corporación tenía la obligación, como en general la totalidad de hermandades de la época, de velar el cadáver del hermano, suministrarle un aparato mortuorio con sus cirios y paño, acompañarle en el entierro con un determinado número de luces y aplicarle misas de sufragio.

Ir al principio de esta página2.- La construcción de la capilla

 

     Como queda dicho, nada se conoce sobre actividades concretas de la Hermandad hasta que en 1747 su Mayordomo Miguel de Liñán, maestro botinero, formaba en nombre de la Hermandad un expediente de solicitud al Cabildo de la Ciudad a fin de labrar una capilla en el lugar que por entonces ocupaba un muladar en la bajada del Colegio de San Laureano.

     No es improbable que en este solar existiesen algunos restos de una antigua edificación, que fuesen aprovechados para la nueva fábrica. Concretamente, la torre circular presenta una traza gótica muy clara. En el siglo XVI toda esta zona estaba comprendida dentro de las denominadas Huertas de Colón y en un grabado de la época figura un oratorio en un lugar aproximado al que hoy ocupa la capilla.

     Las razones que fundamentan la petición se refieren tanto a los intereses de la propia corporación como a la propia utilidad pública de los ciudadanos eliminando el muladar al crear un amplio pasillo para el tránsito de personas y carruajes al río que también eliminaría rodeos para la recepción del Viático a los vecinos enfermos.

     Era una iniciativa muy ambiciosa por parte de la Hermandad, pues requería una importante suma de dinero que habría de venir exclusivamente de limosnas del vecindario y devotos. Realmente dar este paso significaba un fuerte arraigo de la devoción a la imagen y, sobretodo, un apogeo del Rosario público, principal instituto de la Hermandad y fuente económica de su mantenimiento a través de las demandas diarias. En cualquier caso, las limosnas y donativos debían sobrepasar al núcleo del vecindario, aunque este se volcara, para sufragar los costos no sólo con dinero sino con su trabajo personal en las obras. La capilla iba a ser con toda propiedad obra de sus vecinos.

     Esta empresa fue un empeño personal del mayordomo Liñán, que durante los años en que se fue labrando la capilla hubo de realizar múltiples gestiones para la consecución de los fondos necesarios. No existe documentación alguna sobre el gobierno de la Hermandad en estas fechas, pero todo induce a afirmar que Liñán ostentaba el predominio absoluto en las decisiones de la junta de gobierno y controlaba la administración de todos los fondos de la Hermandad.

     Tras las oportunas inspecciones de la zona por parte de los delegados municipales, por acuerdo capitular de 19 de abril de 1748 se aprueba la solicitud de la Hermandad, concediéndose la oportuna licencia de obras. No obstante, dos años después, el expediente recoge otra solicitud de Liñán en la que manifiesta que, iniciados ya los trabajos de construcción, existe el problema de que se ha de habilitar la sacristía en una parte del terreno cedido por la Ciudad y que se encuentra situado detrás del altar principal de la capilla y cuyo techo está lindante a la calle denominada de Enmedio (hoy Liñan) en tanto grado que se supera la altura de dicha calle al techo que ha de tener la sacristía, por lo cual es imposible darle luz por aquel lado ni por otro que no sea el que linda con la bajada del alto de los Humeros a la orilla del río. Igualmente solicita un aposento para el capiller. Por todo ello solicita la agregación de seis varas más de ancho a la misma línea de la pared del río y su fondo correspondiente, atirantadas las paredes con las ya construidas. Esta ampliación no supondría tampoco perjuicio alguno para el tránsito, pues desde la esquina de la pared que se hiciera hasta la de enfrente- la bajada del camino- hay 14 varas de ancho. Asimismo la Hermandad se comprometía a dejar libre este paso de los escombros y montículos que ahora existían y a mantenerlo así para asegurar la circulación de personas y vehículos. El Cabildo de la Ciudad acepta también esta solicitud. Suponía un claro beneficio para la salud pública y facilitaba el acceso al puerto por aquel lugar, lo que redundaba mucho en beneficio del propio arrabal de los Humeros.

     Sin más incidencias, prosiguen las obras de la capilla a un ritmo variable según las limosnas recibidas. De hecho, todos los ingresos de la corporación se dedicaban a tal fin por el mayordomo. En diversos recibos se menciona a los hermanos Juan José y Antonio Postigo como responsables de la obra de albañilería. Finalmente, en 1761 concluyen, procediéndose a su solemne bendición por parte del cura más antiguo de San Vicente, Marcos García Merchante en nombre del Cardenal Solís, arzobispo de Sevilla el 23 de marzo con asistencia de numeroso clero, celebrándose posteriormente la eucaristía.

Ir al principio de esta página3.- La gestión personal de Liñán

 

    La gestión de Liñán conforma toda la vida de la Hermandad durante todo el proceso de construcción de la capilla hasta 1784 en que debe abandonar el cargo por una sanción judicial, fruto de un desmedido celo en pro de la Hermandad.

     Hasta 1784 la junta de gobierno de la Hermandad se reducía en la práctica a la gestión personalista del mayordomo Miguel de Liñán, verdadero motor de la construcción de la capilla y del relanzamiento de la corporación en todos los órdenes. Debió tratarse de estos cofrades carismáticos que en los momentos claves son capaces de aunar voluntades en pro de un ideal que, por su iniciativa, se convierte en patrimonio común de la Hermandad.

     En el Informe redactado sobre las hermandades y cofradías de Sevilla por el Asistente Olavide por encargo del Consejo de Castilla en torno a 1770 se explicita lo siguiente respecto a la Hermandad que nos ocupa: "Tiene aprobación del Ordinario eclesiástico. No tiene renta alguna. Hace una fiesta anual, cuyo costo no lo expresa, sólo que la hace el Mayordomo de su propio caudal".(18). El texto es bien significativo.

Ir al principio de esta página4.- Reconstitución formal de la Hermandad

 

     La situación de la nueva junta de gobierno elegida este mismo año de 1784 y que presidía Pedro Postigo no era fácil, pues prácticamente había de emprender una restauración formal de la Hermandad más adecuada a las Reglas y también su reforma debido a la Real Orden de Carlos III, conocer en profundidad su estado económico, patrimonio real... De hecho, se abre en este año un libro de Cuentas y es de creer que igualmente se hiciera otro de cabildos y de asientos de hermanos. Por desgracia, la Hermandad no conserva documentación de esta época, pero todo parece indicar que se asiste a una verdadera restauración de la Hermandad y de su gobierno y administración tras una etapa tan personalista como la anterior.

     En el aspecto gubernamental, el 31 de mayo se elige nueva junta de gobierno, tan sólo 16 días después de que Liñán marche a Cádiz. La Mesa se componía de un Hermano Mayor, Mayordomo, Alcalde antiguo y Alcalde moderno, Prioste, 4 Diputados y dos secretarios. Igualmente figura un albacea, encargado con seguridad para realizar el traspaso de bienes que administraba Liñán.(19).

     En el mismo ámbito, se hace necesario solventar la aplicación de la Real Orden de Carlos III por las que se extinguían a todas las hermandades que no ostentasen una aprobación explícita de sus Reglas por el Ordinario Civil, por lo que la corporación debía presentar nuevas Reglas al Consejo de Castilla, como efectivamente realiza, aunque no se dispone de documentación al respecto ni consta aprobación alguna, aunque la corporación siguió desarrollando su actividad en las primeras décadas del siglo XIX.

     Sobre el patrimonio de la Hermandad ya se hablará en la Descripción artística, reproduciendo la relación de bienes que dejó Liñán. No obstante, mencionaré como imágenes y enseres más representativos la de la Virgen del Rosario, Santo Cristo de la Paz, Virgen de los Dolores, San Antonio, los santos del altar, Crucificado de la sacristía, cuatro imágenes del Niño Jesús. Se constatan dos altares junto con el mayor, dedicados al Cristo de la Paz y a San Antonio. Respecto a enseres, destacar el Simpecado de terciopelo encarnado con lámina de plata y 22 estrellas de plata y otro nuevo bordado en oro, los faroles del Rosario, un púlpito de hierro y diversos ornamentos y objetos menores.

     No obstante, en la memoria sobre la capilla que hace el cura más antiguo de San Vicente en 1763 se mencionan las imágenes de Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Consuelo o Refugio con el Niño en el pecho, la Virgen de la Soledad al pie de la cruz, Santo Cristo del Perdón, San Juan Bautista y San Antonio. Parece claro que la Virgen de la Soledad se refiere a la de los Dolores y el del Perdón al de la Paz. Pero en el Inventario de 1784 nada se menciona de la Virgen del Consuelo ni San Juan.

     Igualmente creo necesario hacer referencia a la denominada "casa de la capilla" o vivienda del capiller que, a partir del alejamiento de Liñán, es alquilada a particulares, constando las respectivas partidas hasta 1822, con lo que parece denotarse bien que la Hermandad no precisaba un capiller con vivienda propia, bien que había descubierto un nuevo aporte de ingresos.

     Económicamente la Hermandad se seguía sosteniendo fundamentalmente de las limosnas recibidas en el Rosario o en el cepillo de la capilla junto con las cuotas de los cofrades y el alquiler de la casa. Desde 1799 recibe también una dotación testamentaria aplicada a un novenario de misas de sufragio en noviembre.(22).

     La actividad cultual más importante se centraba en las misas de domingos y festivos en la capilla, que suponía, junto con el Rosario, los principales vínculos de la corporación con su barrio.

     El Rosario público seguía pujante en su procesión nocturna por las calles precedido por el campanillero que, con su farol de mano, convocaba a los vecinos y devotos. Parece ser que se adquirió un Simpecado nuevo hacia 1784, manteniéndose también el antiguo, bastante deteriorado, pero mucho más valioso, por lo que se podría pensar en una procesión ordinaria y otra de Gala en las fiestas de la Virgen.

     El culto a la Virgen del Rosario siguió suscitando una gran devoción en el barrio. Se desconocen más detalles sobre el mismo salvo la celebración solemne de una Función en su festividad. También se conoce que en 1794 se adquiere para la imagen un vestido.

     Se constata igualmente la celebración de un Via Crucis por las calles del vecindario portando al Cristo de la Paz, presumiblemente en Cuaresma. Ignoro si acudía a algún santuario concreto a hacer estación, que bien podría ser el cercano Colegio de San Laureano o la realizaba exclusivamente por el barrio. Contaba con algunas insignias propias, aunque es probable que estuviera acompañado por otras del Rosario e incluso del Simpecado, mas con una estampa o lienzo de dolor que bien podría ser el que representa a la Virgen, de luto, llorando al pie de la cruz y que conserva la Hermandad.

Historia de la Hermandad (Siglo XIX)